Generar resultados en el competitivo y acelerado entorno actual implica necesariamente asumir riesgos, implicar al equipo en un entorno de innovación y aprendizaje, y gestionar emociones como el miedo y la ansiedad. Todo esto no se consigue siendo invulnerable como antes. Las vulnerabilidades tienen que estar sobre la mesa. Pero no puedes hacerlo sin crear entornos psicológicamente seguros para que las personas, los equipos y toda la organización tengan el valor de expresarse y atreverse.

En esta época de distanciamiento social y teledirección, surgen muchos sentimientos, pero no se suele hablar de ellos: incomodidad para liderar el cambio, inseguridad para dirigir reuniones, ansiedad para conseguir resultados, miedo para sugerir cambios, desconfianza para delegar, etc. Si las relaciones en el lugar de trabajo se mantienen sólo a nivel técnico, con seguimientos y puntos de control recurrentes, la seguridad psicológica del empleado se verá muy cuestionada. Por eso creé el programa «Habla y te escucharé», mediante el cual me pongo a disposición de los directivos para contribuir a su liderazgo a través de la escucha.


Lo que aprendí escuchando

1. Poner nombre a los sentimientos
En esta vida sin pararse a respirar conscientemente, los sentimientos llegan racionalizados, en largas frases cargadas de juicios como: «Tengo un trabajo y estoy en una posición segura, no debería quejarme», «Hago lo que puedo, pero no creo que pueda con todo», «Necesito tomar decisiones rápidas y esto me está dando sueño».
¿Qué sentimientos hay detrás de estas frases?
Miedo, alivio, gratitud, agotamiento, incomodidad, depresión, pavor, vergüenza, preocupación, irritación, tensión, serenidad, ánimo y seguridad.
Poner nombre a lo que sientes te ayudará a comprender lo que hay detrás de esos sentimientos y a pensar qué se puede hacer para mejorarlos.

2. Comprender las necesidades
Los sentimientos son mensajeros de nuestras necesidades. Después de nombrar los sentimientos, puedes reconocer necesidades como:
Seguridad, autonomía, ayuda, comprensión, colaboración, eficacia, organización, confianza, aprecio, conexión y descanso.
Comprender las propias necesidades permite una mirada más curiosa sobre uno mismo y los demás. También amplía la posibilidad de comprender las necesidades que subyacen a una decisión personal y a las decisiones de los demás.
Como resultado, las acciones que elijo se vuelven conscientes y automáticas, y mi visión del comportamiento de los demás también se vuelve más generosa y empática.

3. Cortar el pastel y observar los hechos
Cortar el pastel significa observar el hecho y encontrar la causa del malestar.
Las respuestas genéricas y amplias son peligrosas porque nos alejan de los hechos en sí y crean pequeñas historias en nuestra cabeza que nos limitan a la hora de encontrar alternativas y soluciones para afrontar lo real.
He oído explicaciones como: «tengo miedo», «no podré con todo», «nunca ha hecho eso», «odio trabajar desde casa», «no soporto trabajar 24 horas al día», «mi jefe lo controla todo», «mi equipo está desmotivado» y «no sé qué más hacer».
En situaciones como ésta, averiguar qué está causando el malestar es fundamental. Una forma muy poderosa es hacer preguntas:
a) ¿De qué tienes miedo exactamente?
b) ¿Qué ha hecho tu jefe? ¿Por qué te molesta?
c) ¿Qué te hace pensar que tu equipo está desmotivado? ¿Cuáles son las pruebas?
d) Cuando dices que no sabes qué más hacer, ¿de qué estás hablando exactamente? ¿Por qué es relevante para ti?
e) ¿Qué repercusiones tiene no resolverlo?
f) ¿Quién puede ayudarte? ¿Qué otra área puede ayudarte?
g) ¿Quién tiene las mejores condiciones, habilidades o conocimientos en este momento para actuar más rápidamente en esta situación?
h) ¿Qué consejo me darías para priorizar todo lo que tengo que hacer si estuviera en tu lugar? ¿Qué criterios utilizarías?

4. Pregunta, pregunta, pregunta:
Las preguntas nos ayudan a considerar el tema de forma curiosa e inclusiva, ya que pueden surgir distintos puntos de vista. ¡Las preguntas pueden incluso generar grandes reflexiones u otras preguntas!
El arte de hacer preguntas para encontrar caminos alternativos y explorar
El contexto es algo intuitivo en el ser humano.
Lo que ocurre es que, a lo largo de la edad adulta, nuestra atención se centra más en encontrar soluciones que en comprender el problema y explorar posibilidades.
Las preguntas generan una conexión con los demás y con nosotros mismos. Estimulan nuestro proceso de creatividad y nos invitan a pensar y actuar de forma diferente, poniendo en marcha nuestro coraje para aprender nuevas formas, siempre.
«¿Qué estoy sintiendo ahora y por qué?»
«¿Qué necesito ahora?»
«¿Cómo puedo ocuparme de lo que necesito ahora?»
«¿Qué he elegido hacer? ¿Qué otra elección puedo tener?»
«¿Quién puede ayudarme?»
«¿Cómo te encuentras?»
«¿Cómo podemos ayudarnos mutuamente en esta situación?»
«¿Quién se verá afectado?»
«¿Qué necesita cuando actúa así?»
«¿Cómo puedo ayudar?»
«¿De quién puedo aprender?»
«¿Cómo puedo expresar lo que necesito en este momento de una manera diferente?»
«¿Qué preguntas puedo hacer?»
¡En estos momentos difíciles, aprovecha para hacer preguntas!
Las preguntas nos conectan, crean entornos de colaboración, estimulan un estado de confianza y generan soluciones creativas. Pregúntate y pregúntate.
Bueno, éste es el guión que he creado para afrontar este momento difícil y mirarme más a mí misma. Espero que pueda ayudarte a quererte, a cuidarte y a ayudarte.
Todo empieza con la autoconexión.
Sólo quien puede comprenderse y tratar consigo mismo puede estar verdaderamente disponible para los demás.

Patrícia Ansarah
Fundadora del IISP – Instituto Internacional de Seguridad Psicológica y pionera en el tema en Brasil. Psicóloga organizacional, trabaja desde hace más de 25 años con el desarrollo de personas, equipos y organizaciones, con amplia experiencia en grandes empresas de diferentes mercados y culturas. Leer más sobre : https://segurancapsicologica.com/instituto/